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AGUA COTIZADA

Por: Alfredo Alonso Ruiz Esparza

Justo cuando estaba permeando el clamor de que el agua es un derecho y no una mercancía, la Bolsa de Valores más importante del orbe, con sede en Estados Unidos y especializada en la comercialización de productos básicos, nos sorprende en el primer lunes del último mes del fatídico año 2020, e inicia con las cotizaciones de los futuros del agua.

Mal empieza la semana cuando ahorcan en lunes, reza una frase que en este año de la pandemia por el Coronavirus SARS-CoV2 cobra especial relevancia y nos hace reflexionar sobre aquél grito de guerra: “El Agua no se vende, se cuida y se defiende”.

Este tipo de mercados en el que empieza a cotizar el agua no necesariamente cotiza bienes físicamente, es decir, no se está vendiendo de momento una cantidad determinada de agua en bloque, sino que en realidad y por ahora estará sirviendo para fijar un valor de referencia que fluctuará en la medida en que se incorporen los factores como oferta, demanda, sequías, huracanes, infraestructura disponible, etc.

Aquí está el debate principal, pues la razón que tenían los organismos operadores encargados de distribuir el agua, y con justa razón, era que: “Dios da el agua, pero no la entuba”; pues acabamos de ponerle precio lo que la madre naturaleza nos ha mandado para poder vivir. Y hago énfasis en ello, porque por ejemplo en esa misma Bolsa Mercantil de Chicago, igual se mercadea con los futuros de las naranjas que del trigo, pero no me dejará mentir querido lector que si un mes o un año no toma jugo o no come pan, no se va a morir, porque puede sustituirlos, pero si una semana no toma agua, probablemente muera, y por otro lado, a un árbol o a un pájaro, no le interesa el jugo ni el pan, pero sí necesita del agua porque este vital líquido es de todos los seres vivos que la requieren para subsistir ¡Nos estamos apropiando de algo que no nos pertenece!

Este tipo de mercados en el que empieza a cotizar el agua no necesariamente cotiza bienes físicamente, es decir, no se está vendiendo de momento una cantidad determinada de agua en bloque, sino que en realidad y por ahora estará sirviendo para fijar un valor de referencia que fluctuará en la medida en que se incorporen los factores como oferta, demanda, sequías, huracanes, infraestructura disponible, etc.

Y la culpa no es de los mercados, la culpa es de los humanos como especie y sobre todo los de estas últimas generaciones que cohabitamos y que hemos puesto en riesgo el equilibrio natural porque el cual, mediante el ciclo del agua, teníamos todos los seres vivos el suministro natural, pero ante el despilfarro, la explotación y los efectos del cambio climático que nuestra raza está provocando, han obligado a que los agricultores y el sistema financiero del país vecino, establezcan un precio de referencia ante tal incertidumbre de contar con agua suficiente para la producción, que al arranque inicia con una cotización y a la alza de 486 mil 53 dólares por acre-pie, es decir que en cada tinaco de 2 mil 500 litros en nuestra casa tenemos algo así como 20 mil pesos almacenados. Usted sabrá si los quiere despilfarrar en un solo día.

En el mundo indígena los elementos naturales tenían un carácter ambivalente. Lo mismo eran creadores que destructores de vida. Esta extraña simbiosis los rodeaba de misterio y misticismo religioso que desembocaba en idolatría por lo inexplicable y temor por lo incontrolable.

Entre los indígenas, el agua aparece como una entidad multiforme y sin embargo única, cuyo favor es necesario atraerse para gozar de ella. Al considerarla una divinidad, la dotan de cualidades milagrosas que sanan enfermos y pronostican la salud o la muerte de los mismos. Estas culturas llegaron a considerarla metafísicamente como a una madre que les dio la vida y que asegurará su existencia.

 

Fuentes consultadas:

El Economista

Madrid Alanís A., (1995), “Manantiales Vida y Desarrollo”, Aguascalientes.

Créditos de la Imagen:

Ensia.com