Editoriales

RAZONAMIENTO JUDICIAL

Published

on

Dra. María del Carmen Platas Pacheco

Gasto público y social; ¿ejercicio discrecional?

Después de dos semanas de negociaciones a billetazos, finalmente por mayoría el PRI y el PRD aprobaron, en el Senado, la Reforma Fiscal propuesta por el Ejecutivo. Es de señalar que enmendaron “en algo” la plana de los Diputados, que, como es sabido, habían aprobado al vapor y sin observación alguna el proyecto.

A partir del 1 de enero de 2014 será ley, y los empresarios tendrán que reducir a la mitad las deducciones de Impuesto Sobre la Renta (ISR) sobre las aportaciones de seguridad social de sus empleados; además, ya no serán deducibles los vales de despensa, ni las aportaciones a los fondos de ahorro. Para las personas físicas, las deducciones personales tendrán que ser menores a $96,000 al año, o al 10% del ingreso total de la persona, lo que sea menor. Mucho se ha dicho de los efectos nocivos de éstas y otras disposiciones que, desde luego, afectan a la clase media y orillan a los empresarios a reducir el número de empleados; sin embargo, los políticos pregonan como “gran logro” haber eliminado el Impuesto al Valor Agregado en las colegiaturas y en las transacciones inmobiliarias.

Las campañas mediáticas del gobierno repiten hasta el hartazgo que sólo se afectará al segmento de la población que percibe ingresos mayores a $750,000.00 anuales, pero lo relevante es que tras esa cortina de humo se anuncia, casi en silencio, que el plan del gobierno es pedir prestado para incrementar el gasto público con más deuda. Desde que se esbozó esta pifia de reforma, los funcionarios de la Secretaría de Hacienda saben con plena certeza que la Reforma Fiscal es regresiva y no incrementará significativamente los ingresos tributarios. Es una medida populista y falsa afirmar que bajo la fórmula de la distribución de la riqueza: “vamos a quitarle a los ricos para darle a los pobres, con más programas sociales”.

Tres ejemplos ilustran la reiterada incoherencia y discrecionalidad en que vivimos; en uno de esos programas sociales la niña Paloma Noyola de 12 años, habitante de una colonia marginal en Matamoros, Tamaulipas recibía una beca de $400.00 mensuales por haber obtenido en la Prueba ENLACE 2012 la mejor calificación en Matemáticas a nivel país. El gobierno del Estado de Tamaulipas, por conducto de la Secretaría de Educación del Estado, le entregó a Paloma $1,600.00, es decir, el equivalente a cuatro meses de beca, después cesó la ayuda.

Unos meses después de esta pifia de “beca” una publicación extranjera dedicada a divulgar temas de relevancia científica, la Revista Wierd, dedicó su portada a esta niña y la calificó como “la futura Steve Jobs; el célebre genio que con su visión de la tecnología llevó a la compañía de la manzana al liderazgo mundial que hasta ahora tiene. Nuevamente, Paloma Noyola fue tema de moda y en esta ocasión el gobierno del estado le ofreció otra beca, de otro programa social, ya no de $400.00, sino de $500.00, como si de verdad México no pudiera potenciar y apoyar con seriedad el desarrollo de sus niñas y niños destacados.

Segundo ejemplo; hace unas semanas una noticia mexicana dio la vuelta al mundo; unos niños oaxaqueños que jugando basquetbol descalzos ganaron el campeonato mundial de Mini Baloncesto en Argentina, y después han seguido ganando en la Copa del Caribe, de Baloncesto Infantil; desde luego, estos niños están de moda y el Presidente no tardó en felicitarlos, tomarse la foto y anunciar que serán beneficiarios de algún programa, además les darían tenis.

Tercer ejemplo; hace unos días, de manera subrepticia y con la aparente intención de no darle importancia al asunto, ha trascendido que como resultado de la negociación de las autoridades cubanas con el gobierno mexicano, México a través de su Secretaría de Hacienda, decidió condonar una deuda por 500 millones de dólares a Cuba, desde luego los ciudadanos mexicanos no sabemos cuáles son los criterios y las motivaciones para una decisión de esa naturaleza, insensible y políticamente incorrecta; apretar y exprimir aun más a los mismos mexicanos de siempre, al tiempo que se le perdona a un gobierno extranjero una deuda tan abultada como 500 millones de dólares; más aun, en la referida Reforma Fiscal que ya es ley, se prevé endeudar a México, la pregunta es obligada, ¿cómo entonces nuestro gobierno perdonan deudas, si al parecer nos falta dinero?, ¿cuál es la racionalidad financiera y social de gobierno que justifica disponer así del dinero de los mexicanos a favor de los cubanos? Estos ejemplos son elocuentes de lo que sucede en el país; el gasto público y los programas sociales son estériles, sin continuidad, ni resultados tangibles.

En el transcurso de, por lo menos, los últimos 20 años hemos visto el anuncio espectacular, el tránsito y el consecuente declive del Programa Nacional de Solidaridad; luego vimos el de Oportunidades y de allí a la Cruzada Contra el Hambre, cada presidente con su ocurrencia, y su equipo de funcionarios con su discrecionalidad; la pregunta es obligada; ¿a quién le importa que estos programas no sirvan, que sean la fuga de miles de millones de pesos presupuestados y ejercidos en ocurrencias?; ¿qué va a pasar después de la foto con los niños triquis y con la niña Paloma?; ¿$400.00 o $500.00 por unos meses o un par de tenis, en verdad pueden cambiar para bien y potenciar el talento de las niñas y los niños mexicanos destacados?, ¿cómo se explica que el gobierno pretenda recaudar más impuesto y endeudar al país, al tiempo que perdona a nuestros deudores extranjeros?

Desde luego, es evidente, pero quizás por eso se ignora; México requiere más gasto social en favor de todos los usuarios de servicios públicos, pero aún más en favor de sus niñas y niños que bien motivados y formados mañana puedan ser profesionistas de gran calidad. En otros países, donde la planeación gubernamental es real y efectiva, y donde los gobernantes y sus equipos trabajan con sensibilidad social, transparencia y rendición de cuentas a sus habitantes, existen programas sociales específicos para identificar y desarrollar el talento de los estudiantes de todos los niveles con mayor potencialidad. En México no sólo no existe tal cosa, se gasta y se despilfarra el dinero público en puntadas y ocurrencias, o de plano se regala arbitraria y discrecionalmente.

El gasto público es generador de crecimiento cuando el gobierno utiliza los recursos bien, mejor que los ciudadanos a los que cobra impuestos; de hecho, la prestación de servicios públicos “justifica” la existencia del Estado, pero si gasta de manera discrecional, esa distribución de dineros posee un efecto negativo en la calidad de vida de la población, como estamos viendo.

Es obvio que recaudar más, como pretende la Reforma Fiscal, para gastar mal, equivale a aumentar la pobreza, la corrupción y los programas inútiles. Desde tiempos del gran Pericles, en la Antigua Grecia, allá por el siglo lV a.C, se afirmaba que la democracia tiene el riesgo de hacer visible la corrupción y que quien es afectado por el Estado no lo olvida, al tiempo que quien se beneficia de lo indebido, no lo reconoce, ni lo agradece.

Sígueme en twitter @mcplataspacheco

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

En tendencia

Salir de la versión móvil