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MEMORIAS DE LA CIUDAD

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Monseñor Quezada Limón y la visita de Juan Pablo II 

Recorriendo las calles de la vieja ciudad, encontramos callejones, casonas viejas y aldabones que nos recuerdan viejos tiempos y que persisten en sus lugares a pesar de que el tiempo les confiere una pátina en sus viejos muros y canteras, además de que la lluvia se desliza y escribe una historia de humedad y de nostalgias.

Vemos la Avenida José María Chávez en una retrospectiva y nos damos cuenta de que por esta gran avenida siempre han ingresado a la ciudad los visitantes, porque en otros tiempos era la entrada principal. Así las cosas por estas calles llegó a Aguascalientes el Obispo Salvador Quezada Limón, quien fue recibido mediante un recorrido en el que estuvo acompañado por el enviado papal y el Cardenal José Garibi Rivera, quienes vinieron a darle posesión de la Diócesis, como se observa en viejos periódicos de la época, o sea, del siglo pasado…

El primer cardenal mexicano y Arzobispo de Guadalajara, estuvo en la misa concelebrada en la Catedral de Aguascalientes,  en donde el pueblo abarrotó la ceremonia de bienvenida al nuevo y querido Obispo nacido en Yahualica, Jalisco, pero que amó entrañablemente a Aguascalientes y a su Diócesis, al grado que se sacrificó siempre por su feligresía…

Las Memorias de la Ciudad no estarían completas si no recordáramos a los personajes de la Iglesia Católica y la personalidad de don Salvador Quezada Limón, a quien tuve la ocasión de entrevistar varias veces y siempre tuvo un trato afable, cordial y humilde, aunque enérgico y sincero.

En esos días, –años setentas- se dijo que la Romería de la Asunción se suspendería por la muerte del Papa Paulo Sexto. Sin embargo, Monseñor Quezada me declaró a mí para EL HERALDO que la Romería era una fiesta mariana y que no se suspendería porque no era una fiesta pagana, sino que al contrario, en medio de ella se rogaría por el alma del Pontífice muerto. La nota se publicó a 8 columnas en EL HERALDO pero se la firmaron a don José Luis Espinosa Ponce, entonces Jefe de Información porque yo apenas tenía 17 años y era una reportera primeriza a quien sólo enviaron a Catedral por un programa de festejos y a preguntar discretamente al Obispo si habría Romería o no, con los resultados antes descritos. Esa fue mi primera nota de 8 columnas y muy hermoso recuerdo ahora, dentro de las Memorias de la Ciudad.

Además, tuve la ocasión de entrevistarlo en otra ocasión cuando ya estaba muy enfermo. En ese tiempo trabaja yo en EL HIDROCÁLIDO y me mandaron a entrevistarlo. Llamé al Centro Hospitalario y una voz muy amable me contestó en la habitación que el obispo sí estaba en ella y que con gusto daría la entrevista. Al preguntarle que quién hablaba me respondió: “El Obispo”. De ese tamaño era su humildad y su autenticidad. Horas más tarde me recibió un Obispo enfermo, muy cansado, con su bata de enfermo y agradeciendo la preocupación de la gente, mientras la afanadora que en ese momento aseaba el cuarto me decía en voz baja: “No se crea, nadie viene a verlo, lo tienen abandonado”.

Llegué con mi nota al periódico citado y unos cuantos meses después, el Pastor de la Iglesia local fallecía a causa de sus añejas dolencias y en el más completo de los olvidos por parte de quienes antes rendían ante su persona homenaje y amor. Pero así somos los seres humanos.

Y hablando de los “caminos de Aguascalientes” , ya encaminados con las “Memorias de la Ciudad”, también recordamos que la máxima autoridad eclesiástica que ha visitado la Diócesis de Aguascalientes ha sido SS Juan Pablo II, “en dos ocasiones cuando iba camino a San Juan de los Lagos, Jal. en 1991 ofreció en el Aeropuerto Internacional Lic. Jesús Terán Peredo dos homilías y dirigió dos mensajes a la feligresía ahí presente. La organización del evento estuvo a cargo de las oficinas del Obispado, y cada parroquia organizó a sus adeptos para que se trasladaran hasta el aeropuerto, de todas formas la mayor parte de los católicos de Aguascalientes no pudieron asistir debido a falta de cupo y tuvieron que conformarse con ver y escuchar el mensaje a través de las Televisoras nacionales”, según Wikipedia.

Y de esa visita papal anotaremos que dormimos en el Aeropuerto, si dormir se llama a acostarse en el suelo rodeados de huizaches y de víboras chiquitas, entre el estruendo de los grupos musicales que amenizaban la noche en espera de Juan Pablo II y entre miles de fieles que acudieron para dar la bienvenida al Papa Viajero, a quien tuvimos la dicha y privilegio de contemplar a escasos tres metros de distancia, mientras repartía sonrisas y bendiciones desde el Papamóvil en el Aeropuerto Jesús Terán, en donde estuvimos como periodistas y testigos de la historia en aquélla inolvidable mañana que forma parte de nuestros más preciados recuerdos de la profesión y de la que conservamos una grabación en donde el clamor de la gente vitoreaba y saludaba al Papa Peregrino ya fallecido y que tanto amó a México y llamó a Aguascalientes “La Tierra de los Corazones Calientes” ante la efigie de la Virgen de la Asunción y un escenario donde destacaban las puertas del emblemático Jardín de San Marcos y como decía mi padre, Don José Arteaga Pedroza: ¡Recordar es vivir!

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