La violencia, las desapariciones, las adicciones y el sufrimiento de tantas familias en México no pueden enfrentarse con indiferencia. El obispo de Aguascalientes, Juan Espinoza volvió a poner el dedo en la llaga al señalar que la Iglesia no puede permanecer al margen de los problemas sociales, aunque aclaró que su misión no es sustituir a las autoridades civiles ni confundirse con un partido político.
“La Iglesia no está llamando a sustituir a las autoridades civiles ni a confundirse con un partido político”, precisó durante la homilía que dirigió desde la Catedral. Su tarea, explicó, es anunciar a Cristo, formar las conciencias y defender la dignidad de las personas, especialmente de quienes son olvidados o vulnerables. “Cuando la Iglesia defiende a la vida, acompaña a las víctimas, denuncia las injusticias y sirve a los pobres, no se aparta del Evangelio, lo hace vida, lo hace concreto”, sostuvo.
Al abordar la frase bíblica “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, advirtió que se ha utilizado para justificar una separación absoluta entre la política y la religión, e incluso como pretexto para evadir las responsabilidades ciudadanas frente al bien común. El obispo subrayó que cumplir con las obligaciones civiles no significa entregar al poder humano lo que le pertenece a Dios y recordó que ninguna persona puede reducirse a un precio: “una persona está sobre cualquier precio, sobre cualquier poder”.
En ese sentido, fue enfático: “No es legítimo invocar la distinción entre Iglesia y Estado, para exigir que los cristianos permanezcan indiferentes ante las injusticias sociales”. Llamó a respetar las leyes justas, participar honestamente en la vida pública, defender la vida, cuidar a las familias, acompañar a los pobres, rechazar la corrupción y trabajar por la paz.
“Debemos ser ciudadanos coherentes, que no separemos la fe de nuestras decisiones, que rechacemos la corrupción en lo grande y en lo pequeño; que respetemos a quienes piensan distinto y que seamos constructores de la reconciliación”, concluyó. México, dijo, necesita cristianos que hagan visibles la justicia, la honestidad, la misericordia y la paz.







