Olvidar cómo abrocharse una camisa, subir un cierre o seguir la secuencia para vestirse puede parecer un simple descuido, pero cuando estas acciones cotidianas comienzan a perderse, podrían ser señales de un problema neurológico que requiere atención. El Alzheimer no forma parte del envejecimiento normal y, aunque todavía no tiene cura, un diagnóstico oportuno permite recurrir a tratamientos capaces de frenar su avance.

La enfermedad afecta de manera selectiva áreas del cerebro relacionadas con la memoria, la identidad, el reconocimiento de otras personas y la autonomía para actividades básicas. De ahí la importancia de no confundirla con una pérdida general de capacidades propia de la edad ni asumir que cualquier falla de memoria significa Alzheimer. El diagnóstico corresponde a especialistas, por lo que ante cambios persistentes se recomienda acudir con un médico, neurólogo o geriatra.

Jesús Martín Galaviz de Anda, jefe del Departamento de Medicina de la UAA, destacó además el papel de la neuroplasticidad, capacidad del cerebro para reorganizarse y mantenerse activo durante toda la vida. Recordar experiencias, planear actividades, resolver acertijos, leer, convivir con otras personas, hacer ejercicio, alimentarse adecuadamente y dormir bien son prácticas que ayudan a mantener activas las redes neuronales.

El especialista subrayó que el Alzheimer tampoco es estrictamente hereditario: intervienen factores genéticos, ambientales y de estilo de vida, por lo que la prevención y el seguimiento médico cobran especial importancia.