Tere Jiménez estuvo en primera fila y no precisamente en un informe de bajo perfil. Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum rindió su segundo Informe de Gobierno echando mano de la fórmula que mejor le funciona a cualquier administración cuando llega la hora de presumir resultados: cifras, obras, avances y, por supuesto, una buena dosis de aplausos.

La presidenta dibujó un país que, de acuerdo con sus propios números, comienza a recoger los frutos de su estrategia. Habló de una “primavera laboral” por los incrementos salariales, de la reducción en 24 productos de la canasta básica, de la fortaleza del peso frente al dólar y de la estabilidad en los precios de la gasolina y el diésel. En infraestructura, los trenes de pasajeros fueron elevados nuevamente a categoría de obra insignia de la Cuarta Transformación. No faltó, desde luego, la narrativa del proyecto que pretende marcar época y que Sheinbaum busca consolidar como una de las grandes cartas de su gobierno.

Y luego vino el capítulo que siempre roba reflectores: Estados Unidos. Sheinbaum reconoció que la relación no ha sido precisamente tersa, pero dejó claro que México seguirá apostando por el diálogo. Eso sí, puso una línea que difícilmente podía pasar desapercibida: respeto, cooperación y entendimiento, pero sin sometimiento. La defensa de la soberanía volvió a aparecer como uno de los argumentos centrales de un gobierno que sabe que, en política exterior, a veces también se gobierna con frases que caben perfectamente en un titular.

La seguridad fue el otro gran examen. Ahí la presidenta presumió una reducción del 51 por ciento en los homicidios dolosos durante los últimos dos años y sostuvo que la estrategia también está enfocada en atender las causas de la violencia. Un dato que busca responder a una de las principales preocupaciones del país y que, naturalmente, fue acompañado por aplausos.