Era socorrista en Aguascalientes, promotor del uso de la bicicleta y compañero de muchas rodadas. Su vida terminó después de llegar al Hospital General de Zona No. 1 del Seguro Social con un grave deterioro neurológico, pero su historia no terminó ahí: en cumplimiento de su voluntad, su familia decidió donar sus órganos y tejidos para ayudar a otras personas.
Tras confirmarse la muerte cerebral, fueron procuradas sus dos córneas y tejido óseo. Las córneas podrán devolver la vista a dos personas que tienen en el trasplante su única alternativa de recuperación, mientras que el hueso beneficiará a más de 50 pacientes que requieren cirugías de columna, reconstrucción de extremidades, atención de fracturas complejas u otros procedimientos. El tejido óseo fue enviado a Monterrey y las córneas al Centro Nacional Médico de Occidente, en Guadalajara.
Afuera del área de Urgencias, sus compañeros ciclistas y amigos de ruta se reunieron para despedirlo con una valla de honor y aplausos. Fue su manera de reconocer a quien dedicó parte de su vida a ayudar a los demás y que, incluso después de morir, volvió a hacerlo: su última voluntad puede cambiar la vida de más de 50 personas. Su familia respetó esa decisión y convirtió el dolor de la despedida en una oportunidad para otros.







