Las tensiones entre Irán y el resto de la comunidad internacional tienen un punto clave: el Estrecho de Ormuz, una ruta marítima por donde circula cerca del 20 por ciento del petróleo mundial y alrededor de un tercio del gas natural licuado. Misael Pérez Sandoval, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes, explicó que cualquier bloqueo o interrupción en esta zona no afectaría solamente a Medio Oriente, sino que podría provocar consecuencias económicas y políticas en distintos países. Desde el derecho internacional, señaló, la navegación debe mantenerse libre y las amenazas de cerrar el paso carecen de sustento jurídico.

El especialista también advirtió que el conflicto refleja un desgaste de las reglas e instituciones internacionales. Explicó que, aunque Irán no ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, existen principios de la costumbre internacional que protegen la navegación. Además, cuestionó las sanciones económicas impuestas de manera unilateral, pues pueden afectar a la población y generar nuevos problemas. Para evitar que los acuerdos dependan de los cambios de gobierno, planteó crear un tratado internacional con arbitraje, supervisión y la participación de un tercero neutral que ayude a verificar el cumplimiento de los compromisos.

Ante este escenario, Pérez Sandoval consideró que la salida más viable sigue siendo la negociación y la diplomacia. Organismos internacionales podrían supervisar tanto la navegación en Ormuz como los compromisos relacionados con el programa nuclear iraní. El académico alertó que, si las reglas internacionales continúan perdiendo fuerza, el mundo podría acercarse a una peligrosa lógica de “la ley del más fuerte”. Por ello, sostuvo que cualquier solución duradera debe poner en el centro dos principios: la paz mundial y la dignidad humana.