México necesita ciudadanos que no se acostumbren a la mentira, funcionarios que no hagan de la corrupción y el engaño una práctica cotidiana, y autoridades que no conviertan el abuso del poder en una forma de gobierno, advirtió el obispo de Aguascalientes, Juan Espinoza.

Durante la homilía que encabezó en la Catedral, el jerarca católico llamó también a los cristianos a dejar atrás la indiferencia y a no permanecer callados frente al mal, al tiempo que recordó las promesas de “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Subrayó que la verdad, la honradez y la fidelidad no son únicamente virtudes sociales, sino “exigencias morales”.

Espinoza dejó claro que la Iglesia no está llamada a ser enemiga del Estado ni instrumento de ningún partido político, sino a contribuir a la formación de una conciencia moral en la sociedad y a mantenerse siempre al servicio de la verdad. Por ello, dijo, cuando algo está bien debe reconocerse, pero cuando algo está mal también debe señalarse.

“Cuando se traiciona la dignidad humana o se violan los derechos hay que levantar la voz, no por intereses mezquinos, sino por fidelidad al Evangelio”, sostuvo.

El obispo afirmó que la autoridad pública debe estar al servicio de la verdad y del bien común, porque gobernar no significa servirse del pueblo, sino servirlo. En ese sentido, advirtió que la Iglesia no puede permanecer indiferente ante la mentira, la corrupción, la impunidad, la violencia, la pobreza o cualquier forma de abuso del poder, aunque aclaró que tampoco busca caer “en la confrontación estéril, en la descalificación o en el odio”.

Pero el llamado, puntualizó, no es solamente para quienes gobiernan. No basta exigir honestidad a las autoridades si nosotros mismos justificamos pequeñas deshonestidades; no basta pedir que no roben si nosotros no respetamos lo que pertenece a los demás; no basta exigir verdad a quienes nosotros mismos difundimos mentiras, señaló.

Finalmente, Juan Espinoza sostuvo que la transformación de México comienza con la conversión del corazón de cada persona. Por ello, invitó a la sociedad a aprender a escuchar, aprender a amar y, sobre todo, a tener el valor de hablar con verdad.