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Mafalda, entre el pesimismo y el humanismo

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Se cumplen 33 años de la entrega anual del Premio Príncipe de Asturias que fue instituido en 1981 para reconocer los aportes internacionales a la ciencia, las artes, el deporte y la cultura, preferentemente de hablantes del idioma Español. Se trata de una ceremonia académica solemne que cada año tiene lugar en la ciudad de Oviedo, capital del Principado de Asturias, concretamente en el Teatro Campoamor, de hecho es la distinción más grande que otorga el gobierno de España a propios y extraños. Como es natural, la ceremonia es presidida por don Felipe, Príncipe de Asturias y por su madre doña Sofía, Reina de España.
Además de la distinción y el reconocimiento a la trayectoria vital de los galardonados, el Premio consta de un diploma, una escultura del barcelonés Joan Miró (1893-1983) representativa del galardón, una insignia con el escudo de la Fundación Príncipe de Asturias y una dotación en efectivo de 50,000 euros.
Las categorías de los Premios Príncipe de Asturias son ocho:
De comunicación y Humanidades; de Ciencias Sociales; de las Artes; de las Letras; de Investigación Científica y Técnica; de Cooperación Internacional; de la Concordia y de los Deportes.
Este año 2014 ha sido anunciado que la distinción de este premio, en la categoría de Comunicación y Humanidades, será para el argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón, autor de la famosísima Mafalda, historieta cómica que ha sido traducida a más de 15 idiomas y que precisamente en este año cumple 50 de haber sido lanzada al mundo de los medios de comunicación impresos.
Joaquín Salvador nació en Mendoza, Argentina, el 17 de julio de 1932, es el menor de tres hermanos, sus padres eran españoles migrantes. Siendo aún niño un tío suyo le descubrió lo que sería su vocación profesional: el dibujo y las historietas cómicas. De hecho, el pequeño Joaquín y aquel tío llevaban el mismo nombre y para distinguirlos, desde niño el pequeño Joaquín recibió el sobrenombre cariñoso de Quino, tal como se le conoce al mundialmente famoso autor de Mafalda. El tío Joaquín Lavado era un importante publicista en Mendoza y al verlo trabajar y crear el pequeño Quino decidió que ese camino de vida profesional sería también para él.
Con dificultades y apuros económicos en la Argentina de los años 40, el pequeño Quino concluyó los estudios de educación primaria, poco después de cumplir 13 años falleció su madre y cuando tenía 16 ya era huérfano de ambos padres. Curso sin concluir estudios en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza e inició un largo y apremiante peregrinar por editoriales, revistas y periódicos locales en busca de una oportunidad para su obra. Sus inicios no fueron nada fáciles, su primer trabajo remunerado fue un anuncio para una tienda que vendía telas de seda. En la Argentina de los años 50 el servicio militar era obligatorio, él lo concluyó en 1954 y se estableció en Buenos Aires en condiciones económicas paupérrimas. Continuó su peregrinar abriéndose espacios en periódicos y revistas que poco a poco fueron reconociendo la calidad y seriedad del trabajo de este “monero mendocino”, en 1960 contrajo matrimonio pero no tuvo hijos. Cabe señalar que Quino creó Mafalda para ilustrar una campaña de venta de aparatos electrodomésticos que finalmente no llegó a concretarse, de manera que su creador buscó para esta simpática niña de 6 años, tierna y aguda, otra oportunidad que encontró en 1963 en el semanario Primera Plana, donde un amigo suyo era director.
La originalidad y profundidad del planteamiento y la calidad del trabajo de Quino, llevaron a que en pocos años Mafalda se convirtiera en un referente obligado de reflexión social. De hecho, en el breve lapso de 10 años, es decir, en 1973, el autor se encontraba extenuado por el abrumador ritmo de trabajo que le imponía la precoz y aguda niña, al punto de declarar la imposibilidad de seguir produciendo la “tira cómica” que le ganó la fama, el prestigio y la estabilidad económica que sigue disfrutando hasta el día de hoy.
Ahora en 2014, próximo a cumplir 82 años, al enterarse que había sido seleccionado entre 22 candidatos para recibir esta gran distinción del gobierno de España, fiel a su ácido sentido del humor Joaquín Salvador Lavado Tejón ha declarado que no lo esperaba y que como es natural, esos reconocimientos llegan tarde, “cuando uno ya está cansado”. En su larga y fructífera trayectoria, ha sido reconocido no sólo en su natal Argentina, donde exprofeso se construyó la “Plaza Mafalda” en pleno Buenos Aires, como reconocimiento a su aporte universal, sino en gran parte del mundo que lo conoce y admira como el artista que ha comunicado —como pocos— su gran don para hacer reflexionar valiéndose de la presencia de una tierna niña de 6 años, que con candor e ingenuidad expresa sus inquietudes sobre las incoherencias, confusiones e injusticias sociales que los adultos de nuestro tiempo han creado.
Los protagonistas de la célebre historieta cómica y los personajes secundarios, se presentan como niños y adultos normales haciendo sus vidas, no se trata de los estereotipos de “héroes y villanos”. Quino presenta a una inocente y en apariencia cándida y encantadora niña de 6 años que mira e interroga al mundo con la agudeza de un filósofo, un sociólogo, un economista y un psicólogo, el autor cuida con sutileza y elegancia los diálogos y los trazos de los dibujos, de manera que el lector, no mira en Mafalda, Susanita, Manolito, Felipe y Libertad a adultos en cuerpos de niños, ésa es la genialidad del gran “monero mendocino”.
El humor que expresa Quino es ácido, incisivo, sugestivo e incluso cínico, ahonda con insistencia en la miseria y el absurdo en que se debaten las cuestiones humanas, desde las más insignificantes de la vida cotidiana, hasta las que ocurren a nivel de la política mundial y esto, desde luego, en lenguaje sencillo, sin límites ni distinciones sociales.
Quino desnuda la absurda dinámica de las sociedades burocráticas centradas en el dinero y los procedimientos y olvidadas de las personas, exhibiendo los frecuentes errores y horrores de las autoridades, la sobreabundancia de instituciones e infraestructuras inútiles, la estrechez de objetivos y de miras de aquel que “saca su chamba” no importa cómo ni de qué manera. La gran maestría de su inteligente dibujo muestra con excepcional calidad la reducción al absurdo de situaciones conocidas, de manera que la risa o sonrisa que provoca al lector con sus frases es un recurso para enfrentar la cruda realidad, esto es, que muchas veces los jefes opresivos, los burócratas mediocres y los ciudadanos abusivos son víctimas de su propia estupidez.
Hace unos días, Víctor García de la Concha, Presidente del Jurado del Premio Príncipe de Asturias dijo: Al cumplirse cincuenta años del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría, la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento.
Sin lugar a dudas Quino seguirá vigente como referente de reflexión, mezcla de pesimismo y humanismo que recuerda la responsabilidad de los adultos en el estado de cosas actual, ante la mirada de las niñas y los niños que enjuician al mundo tantas veces injusto e incomprensible que van a recibir.
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