“Hoy necesitamos estar mucho más unidos en la oración”, expresó el obispo Juan Espinoza, al referirse a las amenazas virtuales que ha recibido, principalmente en redes sociales, después de sus homilías dominicales, en las que aborda realidades del país que, a su juicio, algunos prefieren no mirar. Aclaró que no pretende entrar en terrenos partidistas: “Yo no tengo ninguna intención de ser político”. Sin embargo, lamentó que se intente denigrar su imagen por expresar sus puntos de vista: “Ellos sí pueden denigrar, sí pueden hablar, sí pueden decir muchas cosas, pero cuando alguien habla con respeto y con la verdad, entonces sí se le denigra”. Y remató que esto no ocurre solamente con él, sino también con quienes buscan que México viva mejor.
Durante la celebración eucarística en la Catedral se leyó un comunicado en el que el obispo dejó clara su postura: “Mis palabras no pretenden favorecer ni atacar a ninguna persona, partido o grupo político, mucho menos polarizar”. Dijo que sus mensajes responden a la responsabilidad pastoral de mirar la realidad desde la fe y defender la verdad, la justicia y la dignidad humana. También llamó a construir una sociedad que dialogue, escuche y busque la reconciliación, porque México necesita trabajar “por la paz y no por la división; por la verdad y no por la mentira; por la justicia y no por la violencia”. Una petición que suena elemental, aunque las amenazas denunciadas por el prelado muestran lo difícil que puede resultar hablar de estos asuntos sin provocar reacciones.
Y si alguien se pregunta qué realidades aborda en sus homilías, el propio obispo enumeró algunas: la desigualdad entre familias que tienen lo necesario para vivir y otras que ni siquiera cuentan con lo indispensable; la violencia que destruye hogares; la corrupción que debilita la confianza; la impunidad que lastima a las víctimas, y el uso de los pobres mediante mentiras y engaños. Añadió que tampoco podemos acostumbrarnos al dolor de quienes buscan a sus desaparecidos, al sufrimiento de quienes han sido desplazados por la violencia ni a la angustia de jóvenes que ven amenazado su futuro.
“México necesita ciudadanos honestos, familias sólidas, instituciones responsables”, sostuvo. No se trata, insistió, de alimentar la división, sino de no perder la esperanza ni guardar silencio frente al sufrimiento. Porque una cosa es pedir paz y otra muy distinta pretender que, para conservarla, nadie hable de lo que duele.







