EL ARTE DE INVENTAR MENTES: BREVE VIAJE DEL MITO A LA REALIDAD

Hoy en día es muy común para nosotros escuchar o hablar de Inteligencia Artificial, la cual ha presentado un amplio desarrollo en nuestras vidas cotidianas en las últimas décadas, con lo cual podemos pensar que son temas de reciente interés para nuestra sociedad. No obstante, reducir la IA a un fenómeno tecnológico reciente es perdernos de vista la mitad de la historia. La idea de una mente sintética es, en realidad, un antiguo anhelo humano. Para comprender la magnitud de la revolución que vivimos hoy, debemos preguntarnos:

¿dónde germinó realmente esta idea y cómo pasó de ser un mito fantástico a una realidad tangible?

Los primeros registros que podemos encontrar sobre la posibilidad de crear algo con la capacidad de razonamiento propio remonta a la mitología Griega con Talos un autómata de bronce creado por Hefesto, cuya capacidad radicaba en la protección de creta. En la ciencia ficción podemos mencionar a Frankenstein (1818), al cual se atribuye el primer registro para la creación de vida artificial. En la era moderna vale la pena recordar a Alan Turing, con su obra “Computing Machinery and Intelligence”, planteando la famosa pregunta “¿Pueden pensar las máquinas?” y proponiendo el Juego de la Imitación (Test de Turing), Turing planteó un experimento donde un evaluador o interrogador humano se comunica mediante mensajes de texto con dos participantes ocultos en otra habitación: un humano y una máquina, su propósito es engañar al interrogador y hacerse pasar por el ser humano, si el evaluador no logra distinguir con seguridad cuál de los dos interlocutores es la computadora tras una serie de preguntas y respuestas escritas, se considera que la máquina ha superado la prueba. Este criterio conductual cambió el debate filosófico sobre la mente por una medida práctica basada en el rendimiento observable de un sistema. Es en este punto de la historia donde la mitología, la ciencia ficción y las matemáticas empiezan a converger a lo que hoy conocemos como Inteligencia Artificial. En 1955 se acuña formalmente el término por los científicos John McCarthy, Marvin Minsky, Nathaniel Rochester y Claude Shannon, en el documento titulado “A Proposal for the Dartmouth Summer Research Project on Artificial Intelligence” para solicitar fondos a la Fundación Rockefeller, y presentado a la comunidad académica en 1956 en La Conferencia de Dartmouth.

A partir de la de cada de los 60´s y antes de las décadas de los 90´s los desarrollos para crear sistemas capas de pensar se basaban en la programación de reglas de pensamiento, por el otro lado la ciencia ficción nos presenta a HAL 9000 (2001: Una odisea del espacio, 1968), en la cual se anticipó un problema muy actual: el conflicto de objetivos. HAL no entra en pánico por maldad, sino porque se le dan dos instrucciones contradictorias (mantener la misión en secreto vs. procesar información sin mentir a la tripulación). Posteriormente llega Terminator (1984) es la metáfora definitiva del miedo al descontrol tecnológico y la pérdida de la supremacía humana.

En la década de los 90´s el desarrollo de la IA se abandona la programación manual de reglas y se inicia con el Aprendizaje Automático (Machine Learning) impulsado por el cálculo estadístico y el Big Data. Entre los desarrollos mas importantes de esta época cabe destacar La supercomputadora de IBM (Deep Blue) derrotó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov. Fue la primera vez que una máquina superó a la mente humana más brillante en un juego de estrategia complejo.

Al mirar el panorama actual, resulta fascinante constatar cómo la realidad de la Inteligencia Artificial tomó un camino distinto al que imaginó la pantalla grande. No vivimos rodeados de los ciborgs metálicos de Terminator ni de los androides de Blade Runner; la revolución del Deep Learning y los modelos generativos de la última década se desplegó de forma invisible pero profunda, incrustándose en el software que usamos a diario.

Hoy, las máquinas no solo analizan datos: escriben, pintan, programan y conversan. La ciencia ficción no falló en su predicción, solo erró en la forma. Su verdadero valor no estuvo en adivinar el código o las redes neuronales, sino en formular, con décadas de anticipación, las preguntas éticas y filosóficas a las que hoy debemos dar respuesta. Al final, la historia de la inteligencia artificial nunca se ha tratado solo de las máquinas, sino de un espejo en el que la humanidad busca entender qué es, en última instancia, lo que nos hace humanos.

Héctor Gilardi

ci-ags@up.edu.mx

 Originario de Saltillo Coah. Profesor investigador titular B de la Facultad de Ingeniería, Universidad Panamericana campus Aguascalientes, Dr. Por el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, Miembro del SNII nivel 1.