Editoriales

Aprender de la derrota

Published

on

La contundente y estrepitosa derrota sufrida por la Selección de Brasil frente a la de Alemania 1-7 en la etapa de semifinales y después en finales frente a la de Holanda 0-3, desde luego admite múltiples lecturas y comentarios que rebasan con mucho la perspectiva deportiva y futbolística, precisamente al tratarse del país anfitrión de esa magna celebración de la Copa Mundial de Futbol, Brasil 2014, justo allí, en la tierra de grandes campeones que han hecho de ese juego el deporte nacional, con el sello de la alegría y la chispa de la samba y la bossa nova.
De pena ajena y propia resultó el desempeño de la selección anfitriona, conformándose desde el inicio con resultados mediocres y sin haber conseguido encontrarse con ellos mismos y con el balón a lo largo del torneo, y su afición tan dolida y decepcionada como el llanto de los niños que no podían creer las golizas que les propinaron; lejos muy lejos de aquellos que fueron leyenda en la cancha, desde el gran Pelé, pasando por Sócrates, Garrincha, Tostao, Zico, Ronaldo y Ronaldiño cada uno de ellos creativo y alegre imprimiendo a su desempeño arte, entrega y pasión, de manera que, además de meter goles, ofrecían un espectáculo maravilloso de dominio personal y trabajo en equipo, tan acoplados y seguros que por momentos más que futbolistas parecían profesionales de la danza y la zamba, nada, absolutamente nada de eso vimos ahora.
La derrota y la humillación vivida son manifestación de una realidad mucho más profunda y grave. Esa tendencia de Brasil, iniciada en el gobierno del Presidente Lula (2003-2010) al crear el mito del mágico desarrollo económico, el gigante dormido de Sudamérica, llamado a incorporarse rápidamente a las grandes potencias mundiales, no deja de ser paradójico que haya sido precisamente la selección de Alemania, hoy por hoy, el país más rico, poderoso y estable de Europa, el que le propinó a este falso gigante esa histórica y descomunal paliza de 7-1.
La verdad es que el milagro económico brasileño de Lula solo existió en su mente, su política populista ofreció datos estadísticos que hacían creer lo que él afirmaba, lo cierto es que la realidad se ha impuesto a la ficción y los millones de pobres que sobreviven en las favelas desmienten el fugaz fuego de artificio, con que el expresidente Lula contrajo compromisos internacionales tan grandes como éste, de la Copa Mundial de Futbol 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.
El gasto en estadios e infraestructura para atender el compromiso de la Copa de Futbol se calcula en poco más de 13,000 millones de dólares. Lo descomunal y faraónico de esas obras es expresión de la inmensa corrupción e insensibilidad social del gobierno en turno, que hace frente a compromisos que justo es decir no adquirió, pero tampoco renegoció. De hecho, de los 12 estadios que se acondicionaron o construyeron, a decir de la propia FIFA, sólo eran necesarios 8, pero los compromisos políticos se impusieron a la sensatez en el uso de dineros públicos y con mucho se construyó mal y caro, ante la indignación de los millones de pobres brasileños.
En este año de derroches y de grandes cantidades de dinero en circulación, el Banco Mundial ha pronosticado un crecimiento para Brasil no mayor al 1.5. Entre otras cosas, esto quiere decir que está disminuyendo su ritmo de crecimiento (antes de 2.0), en consecuencia, no existe confianza para invertir en ese país y el aparentemente novedoso modelo de crecimiento económico de Lula, en realidad ha resultado ser una mezcla explosiva y peligrosa de populismo y corrupción. A pesar de todo esto, las encuestas dan por ganadora a la propia Presidenta Dilma Rousseff, quien contenderá por la presidencia en octubre y sin lugar a dudas se alzará con la victoria para un periodo más, tal como lo hiciera su mentor Lula da Silva.
Lejanos en el tiempo quedaron los esfuerzos del Presidente Fernando Henrique Cardoso, él en verdad ordenó las finanzas y proveyó leyes e instituciones para el desarrollo real de Brasil. Hoy todo ese denuedo ha quedado rebasado por una estrategia de fantasía, apariencia y ficción, que ni en el futbol ni en la política le hace justicia al pueblo de Brasil, quien está decepcionado de su equipo de futbol y cansado de ofrecer un espectáculo costosísimo, donde solo ganan los políticos que se promueven y divierten en una fiesta que pagarán varias generaciones de brasileiros, cuyos ingresos no alcanzan para asistir a los estadios construidos con el dinero que ellos, sus hijos y nietos con seguridad pagarán.
Sígueme en twitter @mcplataspacheco
www.razonamientojudicial.com

En tendencia

Salir de la versión móvil