Llenar la despensa resulta cada vez más caro. En septiembre, el costo de la canasta alimentaria aumentó 5.5% en las zonas urbanas y 4.9% en las rurales respecto al mismo mes del año pasado, un encarecimiento que supera la inflación general de 3.5%. En otras palabras, la comida está subiendo de precio más rápido que el promedio de los productos y servicios, por lo que el dinero alcanza para menos.
Entre los productos que más presionaron el bolsillo están la cebolla, cuyo precio aumentó 89.8% en un año, y el jitomate, que subió 26.7%. A esto se suma el gasto en desayunos, comidas y cenas fuera de casa, que también contribuyó al encarecimiento de la canasta. Son aumentos que terminan sintiéndose en las compras cotidianas, desde lo que se prepara en casa hasta lo que se necesita para comer durante la jornada.
El golpe no se limita a los alimentos. También aumentaron los costos del transporte público, 8.4% en las ciudades y 9.2% en las zonas rurales, mientras que educación, cultura y recreación registraron alzas cercanas al 6%.
De acuerdo con el INEGI, el conjunto de alimentos, bienes y servicios considerados en las líneas de pobreza subió 4.4% anual tanto en el ámbito rural como en el urbano. Así, entre la despensa, el transporte y otros gastos indispensables, a las familias les cuesta cada vez más cubrir sus necesidades con los mismos ingresos.







