El ADN puede contener pistas sobre características que, en combinación con factores biológicos, psicológicos y ambientales, podrían asociarse con un mayor riesgo de desarrollar depresión. Una de las líneas de investigación se encuentra en el gen relacionado con la producción de la monoamino oxidasa A (MAOA), una enzima que participa en la degradación de neurotransmisores como la serotonina, vinculada con la regulación del estado de ánimo. Sin embargo, tener una determinada variante genética no significa que una persona vaya a desarrollar depresión, pues este trastorno no puede explicarse por un solo factor.

Sobre este tema, María Fernanda Prado Fernández, profesora investigadora del Departamento de Química de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, explicó que junto con Alberto Isaac Reyes Silva impartió el taller “¿Eres propenso a la depresión? ¡Pregúntale a tu ADN!”, dirigido a estudiantes de la Licenciatura en Químico Farmacéutico Biólogo. Los jóvenes trabajaron con una pequeña muestra de sangre obtenida mediante un piquete en el dedo, de la cual extrajeron ADN para después aplicar técnicas de biología molecular como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y la electroforesis, que permitió observar y analizar fragmentos del material genético mediante patrones de bandas.

Más allá de buscar una respuesta definitiva sobre la depresión, la práctica permitió a los estudiantes acercarse al análisis de su propio material genético y comprender cómo la ciencia estudia la interacción entre genética y salud mental. Prado Fernández subrayó que estos hallazgos deben entenderse como parte de un panorama mucho más amplio y que conocer información genética no sustituye la atención profesional. También destacó la importancia de cuidar la salud mental mediante relaciones sociales saludables, descanso, alimentación adecuada y actividades que favorezcan el bienestar, además de recurrir a especialistas cuando exista alguna preocupación.