RAZONAMIENTO JUDICIAL

Reforma Fiscal, no hacendaria (parte 2)
Por Dra. María del Carmen Platas Pacheco

En el anecdotario de la política mexicana, se afirma que “el buen político es aquel que crea los problemas para después presentarle al Presidente la solución”; si esto es así al parecer hoy estamos frente a malos políticos, porque con motivo de la iniciativa de reforma fiscal en curso pretenden crear problemas económicos y sociales al país, cuya posible solución, desde luego, va más allá de los años que faltan por transcurrir a la presente administración. La memoria aún recuerda cuando la paridad peso-dólar, allá en la década de los años setenta era de 12 pesos por un dólar, hoy, cuarenta años después se habla de casi lo mismo, doce o trece pesos por dólar, la diferencia es que los tres ceros que se “quitaron” a nuestra moneda, en realidad han supuesto una cadena de devaluaciones y rezago económico y social de cuarenta años, abriendo una brecha social y cultural que, entre otras cosas, hace absolutamente incomparable la calidad de vida de los norteamericanos y nosotros los mexicanos.
En 1950, en nuestro país aun no se creaba el INEGI, pero se calcula por los censos de la época, que la población era de aproximadamente 20 millones. En 2013, la población es de casi 115 millones, es decir, en sesenta años, México ha sextuplicado su población en términos de habitantes y no así su infraestructura educativa, sanitaria, habitacional, laboral, entre otras, de manera que, como tristemente vemos en tantos pueblos y ciudades a lo largo y ancho del país, el atraso y el abandono de los malos gobiernos y la ausencia de reales y efectivas políticas públicas dan como resultado 50 millones de mexicanos que viven en la miseria, o sea, uno de cada dos vive en condiciones de pobreza, y frecuentemente de devastadora desesperanza.
En las últimas semanas, los efectos de las lluvias sobre las comunidades de Guerrero, Veracruz e Hidalgo han mostrado una vez más que ese crecimiento arbitrario de núcleos de población en “zonas de riesgo” que la corrupción gubernamental ha permitido talando bosques y desviando cauces de ríos, la falta de respeto y cuidado por el medio ambiente y la naturaleza a la larga y a la corta se cobran con vidas humanas, hundiendo aún más a esos miles de mexicanos en el lodo y las aguas negras.
La miseria rampante en las comunidades y municipios afectados, desde luego, no se mitiga con la entrega (para la foto) de despensas o de láminas para la reconstrucción de sus techos; remedios paliativos y momentáneos que hacen evidente la falta de rumbo y proyecto con la que asumen el cargo gobernadores y presidentes municipales que llegan a los cargos, y, como se ve, al tiempo que ellos en lo personal se enriquecen, las comunidades siguen detenidas en el tiempo, en la miseria y en el deterioro social, que profundiza la injusticia y el desorden como forma de vida.
La miseria en México es crónica, sólo así se explica, que no justifica, la falta de avance, de progreso real en términos de calidad de vida, quienes han gobernado, ¿qué han hecho con el dinero público?, muchas de las imágenes de las comunidades inundadas, lastiman por su actualidad, y al mismo tiempo porque son iguales a las de hace treinta o cuarenta años.
Cálculos conservadores de la autoridad recaudatoria de impuestos nos refieren que aproximadamente 6 de cada 10 mexicanos no pagan impuestos, dicho en términos positivos, 4 de cada 10 mexicanos son cautivos contribuyentes, y precisamente a este segmento de la población, que es responsable y cumple sus obligaciones fiscales, la propuesta de reforma fiscal que todavía se está discutiendo en el Congreso, pretende hacerle aun más gravosa la vida en este país. Ese 40% de mexicanos que sí paga impuestos, en realidad sostiene a ese otro 60% que hace uso de servicios públicos y no los paga; ninguna economía en el mundo puede ser sana si no inicia por poner orden, de manera que todos contribuyan, —desde luego en la medida de sus ingresos— a la mejora del país, pero como, entre otras muchas carencias culturales nuestras, no se entiende el origen de los mal llamados “recursos públicos”, en los hechos tristemente advertimos que los gobiernos con discrecionalidad y corrupción amasan escandalosas fortunas personales, al tiempo que no se emplean en el bien y desarrollo de las comunidades.
El nivel de desorden e injusticia social y fiscal en que vivimos alcanza extremos verdaderamente alarmantes, sólo en México, y desde luego en ningún otro país miembro de la OCDE, existe un seguro de atención médica (seguro popular) cuya condición de acceso es ser desempleado, viviendo en la informalidad. Por demás resulta ofensivo, ilógico y demagógico que el Estado preste servicios de salud gratuitos a una mayoría de mexicanos que con sus actividades ilícitas, entre otras, venta de mercancías piratas o de contrabando, lesionan gravemente a los fabricantes y comerciantes establecidos y a los trabajadores que sí pagan impuestos.
Los estudiosos expertos en asuntos fiscales son unánimes al afirmar que en todo el mundo, las políticas tributarias sanas están migrando a la disminución del ISR, y a la tendencia a gravar de manera decidida el consumo, ése es el mejor y más eficaz modo para conseguir que toda la población, usurarios naturales de servicios públicos y consumidores paguen impuestos, con el doble efecto no solo de contribuir al sostenimiento del Estado, sino de hacerse responsables —porque les cuesta— de que las cosas funcionen y funcionen bien; de otra forma, como ocurre entre nosotros, ¿qué interés puede tener un vendedor de piratería, por ejemplo, en que los servicios de seguridad pública funcionen bien?, esto es, que los policías en verdad vigilen y custodien el orden y la paz ciudadana, desde luego que ninguno, todo lo contrario, ellos, los vendedores informales, cooptan a las autoridades generando perversas redes de corrupción y complicidad en abierta lesión a los derechos humanos de los ciudadanos.
La gravedad de las decisiones de política tributaria que pueden concretarse con la iniciativa de reforma fiscal que está en curso, desde luego son muy profundas, golpear una vez más a los mismos de siempre, es decir, a ese 40% de ciudadanos cumplidos que sí paga impuestos, aumentando las cargas y creando incluso nuevas modalidades de impuestos, al tiempo que se sigue sosteniendo a la mayoría de la población en condiciones de exención y privilegio, esto no puede ser una buena señal ni de política, ni de gobierno, precisamente porque esa minoría cumplida puede ser asfixiada o de plano reventada y colapsada por la insensibilidad de quienes, desde la lejanía de las angustias de trabajadores, empresarios y padres de familia, piensan que la clase media mexicana, por el solo hecho de serlo, debe soportar sin protestar y pagar con puntualidad.
Sin lugar a dudas el año 2013 que ya está en su tramo final, ha sido de notable desaceleración económica para México. En los años anteriores, el crecimiento del PIB, había sido de 3.1 %, en éste es de tan sólo 0.9, es decir, la economía se ha reducido a la tercera parte, y, desde luego, con ello la recaudación fiscal y las expectativas de desarrollo. A la vista de todos está que el entorno mundial, con énfasis en Estados Unidos, no es favorable, en consecuencia, los discursos populistas de enfrentamiento entre grupos de mexicanos deben evitarse, urge la inteligencia y la vocación de servicio de auténticos políticos para revertir la miseria de millones de mexicanos, haciendo uso de nuestros recursos de manera planeada, transparente y honrada, evitando, entre otras acciones, la formulación de arbitrarias misceláneas fiscales con pretensiones de reformas hacendarias.
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