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NAVIDAD, FIN DE AÑO Y POBREZA

Por Diana Karina Vázquez López

El mes de diciembre es uno de los favoritos en la población con respecto a los anteriores: muchos paisanos vienen a México a pasar estas fechas con la familia; es el mes en que, por todos los medios de comunicación existentes, se escuchan mensajes de alegría, paz, felicidad, éxito y de nuevos proyectos para el próximo año que comienza; fechas que aprovechan un sinnúmero de empresas, televisoras, marcas y cadenas comerciales para promover la cultura del consumismo y obtener así millonarias ganancias con la venta de sus productos; y, como cada seis años, tras la toma de protesta del nuevo gobierno de la república, éste nos augura un mejor año nuevo bajo su mandato. Por esto, y por otras muchas razones, el mes de diciembre se ha convertido en el favorito para tener a flor de piel el espíritu navideño de amor y prosperidad.

Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho, nos dice el adagio popular. Para la inmensa mayoría de la población no habrá bienestar, ni alegría, ni paz en este mes de diciembre. Existen en México 96 millones de personas que perciben ingresos por debajo de la línea de pobreza según el informe sobre riqueza global en 2018 emitido por la empresa suiza de servicios financieros Credit Suisse, a quien nadie podría acusar de izquierdista o anticapitalista, en el que, además, se dice que en nuestro país solo 39 personas poseen fortunas superiores a los 500 millones de dólares cada una. Por tanto, la inmensa mayoría de las familias mexicanas que obtiene ingresos para alimentarse mal y atender insuficientemente sus más elementales necesidades, solo podrían tener la posibilidad verdadera de cambiar sus terribles condiciones de vida si el Gobierno estableciera un aumento sustancial de los salarios, si reorientara su política económica para estimular y promover la creación de nuevos empleos bien remunerados, que aplicara una política fiscal proporcional y progresiva donde quienes obtienen más ingresos paguen más impuestos y donde el gasto social esté destinado prioritariamente hacia la educación, la salud, la vivienda, los servicios básicos, la cultura, el arte y el deporte, en favor del pueblo pobre de México.

¿Será ésta una feliz navidad y un próspero año 2019? Para unos cuantos seguramente que sí, ya que estarán colmados de abundancia y bienestar, pero para la inmensa mayoría de la población estas fechas seguirán siendo de carencias, sufrimientos y necesidades. Y no podría ser de otra manera, cuando el incremento salarial  propuesto a la clase trabajadora por parte del nuevo gobierno de la república no rebasará los 16 pesos diarios; cuando tan solo en Aguascalientes, según el Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en 2016, el 28.2 por ciento de su población vive en situación de pobreza y más de 339 mil habitantes están en situación de pobreza extrema, o sea, que presentan tres o más carencias sociales y no tienen un ingreso suficiente para adquirir la canasta básica alimentaria; donde 529 mil personas no tienen acceso a la seguridad social; más de 508 mil habitantes viven con un ingreso inferior a la línea de bienestar y más de182 mil personas están en rezago educativo.

Ante tal desigualdad y pobreza, podemos afirmar que solo sería posible la existencia de una feliz navidad y un próspero año nuevo cuando todos los mexicanos tengamos lo necesario para vivir dignamente; cuando no exista la diferencia abismal entre un puñado de ricos que lo tiene todo y casi 100 millones de mexicanos que vivimos en la pobreza; cuando la inmensa mayoría de los mexicanos tengan comida en su mesa, puedan vestirse, educarse y atenderse de salud; y cuando al pueblo pobre le sean resueltas satisfactoriamente sus demandas y servicios más elementales.

Pero el bienestar y la justicia social que requerimos los mexicanos no será posible obtenerlas a través de políticas asistenciales como las propuestas por el nuevo Presidente de la República, por más que se diga de “izquierda”. Con medidas cosméticas y de relumbrón como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), la supuesta venta del avión presidencial o su negativa a instalarse en la residencia de Los Pinos, el gobierno morenista no está combatiendo en serio la pobreza ni modificando un ápice el actual modelo económico capitalista, que es, en última instancia, el causante de la situación lacerante en que vivimos millones de mexicanos.

Por tanto, una transformación verdadera del injusto régimen social en que vivimos solo podrá ser posible con la participación organizada del pueblo pobre, preparado y consiente de que, para que realmente cambien las condiciones de desigualdad y pobreza en que vivimos, serán necesarias medidas que en verdad transformen el actual modelo económico y promuevan permanentemente una mejor distribución de la riqueza. Solo de esta manera, a mi juicio, podríamos esperar en serio una feliz navidad y un próspero año nuevo.