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MUJERES VIOLENTADAS POR OTRAS MUJERES

Por Isadora

Culminó la jornada de activismo dirigida a la no violencia contra la mujer y luego se festeja el día de los derechos humanos, por ello heme aquí escribiendo algo indigno de evocar para estas fechas, pero sumamente necesario.

Lamento que esta historia no sea un cuento de hadas, aunque sabemos que la vida de muchas mujeres está muy lejos de serlo, pero lo que aquí leerán es la lamentable historia de una persona que ha sido agredida por su propio grupo.

Cuento esto a manera de homenaje a todas aquellas mujeres que pasaron, están pasando o vivirán una situación así a lo largo de su vida, para que comprendamos que la lucha no es siempre con el sexo opuesto, sino con nosotras mismas en muchos casos.

Soy una mujer profesionista, hija, esposa y madre, dedicada durante muchos años a prepararme académicamente para lograr mis metas laborales; ingresé a trabajar a una gran empresa, comencé desde abajo, sacando copias, respondiendo teléfonos, pero con la firme convicción de ir creciendo a través de mi desempeño.

Triste fue mi trayecto porque me enfrenté a muchas circunstancias adversas, como el influyentismo y la corrupción, comenzando a ver cómo aquéllas personas que no se habían esforzado tanto como yo, lograban cargos directivos o de alta jerarquía, en tanto que a mí, se me encomendaba hacer el trabajo en las sombras.

Nunca fui favorecida por alguna persona en cuyas manos estuviera tomar una decisión, puesto que no era la “hija de” o la “amiga de”, simplemente era la chica que hacía muy bien el trabajo pero que a nadie le interesaba impulsar, ¿porqué les interesaría? ¿a cambio de qué?; evidentemente no hay respuesta para eso, simplemente, estuve en el juego de “reyes y peones” y mucho tiempo se encargaron de hacerme creer que mi lugar era ser peón toda la vida, uno de los buenos, de esos que hacen muy bien el trabajo que otros lucen, esos que son calladitos y se conforman con la estabilidad de un sueldo mediano.

Un día, sucedió lo inimaginable, alguien desinteresado habló y alzó la voz por mí, hizo notar mi valía ante la Junta Directiva, mostró mis credenciales y mi trayectoria, logrando convencerlos de que debían darme la oportunidad de ser de los suyos, una mujer de decisión, con amplias capacidades demostradas en más de una ocasión, incluso más que muchos de ellos.

Fue Dios, la vida o el destino, como lo quieran llamar, pero finalmente ocurrió, tuve la fortuna de ser designada como Directora, lamentablemente, la titular de aquella empresa, nunca estuvo convencida de esa decisión, pues rompía con todo esquema de quiénes y cómo llegaban a ser directivos, ya que no podía aceptar que una persona sin haber pedido o dado algún favor, sin tener o gozar del privilegio de las influencias y recomendaciones, podía estar en ese nivel y más aún porque no le debía nada a ella.

Ante esta situación, esa mujer con todo el poder que su titularidad le concedía, reunió a su equipo mayormente integrado por mujeres, para buscar cómo destituirme del cargo, logrando ensuciar mi imagen y las buenas referencias que se tenían de mi persona, mediante hostigamientos laborales, presiones, chismes y hasta coaccionando a sus compañeros directivos para que votaran en mi contra a cambio de protección y de hacerles favores que los beneficiarían en el futuro.

Sobra decir que las mujeres, compañeras de la misma empresa, conocedoras de esa infamia, optaron por ser parte de ella, siendo incluso agresivas conmigo, tratando de encontrar en mi trabajo algo que me responsabilizara y poder así no sólo robarme mi posición sino incluso despedirme totalmente de mi trabajo.

¿Porqué? Era la pregunta latente en mi cabeza, no podía y no puedo entender las razones de esa actitud, ¿por qué las mujeres que peleamos tanto por nuestros derechos nos destrozamos entre nosotras mismas?

Definitivamente, no soy una mártir, como todo en la vida, hay una perspectiva distinta desde la cual podemos opinar o considerar algo justo o injusto, pero lo que sí me queda claro es que yo no hice algo que perjudicara mi carrera, siempre fui una persona recta, amable, comprensiva y solidaria con quienes me auxiliaron, mi trabajo fue bueno, hecho con responsabilidad y mucha ética, mi familia es digna de honra, no soy corrupta y me he conducido en toda mi vida con la mayor transparencia posible, así que aunque quisieron implantar esa idea en mi mente, haciéndome hincapié en mi mal actuar, tratando de vulnerar la percepción que de mí misma tenía, no lo lograron y jamás lo harán.

Es cierto, no puedo cambiar la circunstancia de que la persona que ostenta el poder en la empresa es aquella que está dispuesta a no permitir mi crecimiento y lo puede hacer sin miramiento alguno, pero lo que sí puedo rectificar es mi camino, no permitir que se transgredan mis derechos como persona y como mujer y menos consentir que se violente mi psique con sus estrategias de humillación, es decir, no creer que lo que difundió sobre mí es cierto, porque yo sé quién soy, lo que he forjado y cuánto me ha costado, por lo que puedo vivir en paz y caminar con la frente en alto, sabedora que no he hecho algo deshonroso o indigno para llegar hasta donde me encuentro.

Quiero decirles a todas las mujeres que nunca olviden que la lucha no es en contra de nosotras mismas, que si queremos puestos o cargos de alta dirección o si ya los tenemos, ayudemos a otras a llegar hasta ese lugar, no pisoteemos la dignidad de las nuestras, no seamos cómplices de las agresiones de otras féminas hacia las suyas, de lo contrario, sólo estaremos corroborando lo que muchos hombres piensan y dicen, ahora en voz baja “con las viejas puros problemas, ni entre ellas se aguantan”, no por favor, no permitamos que nuestra presencia se desvirtúe por pasiones personales o sentimientos como la envidia o el rencor, somos más que eso.