http://lacontraportada.com.mx/wp-content/uploads/2017/01/platas.jpg

Untitled

En el contexto de los relatos de la mitología griega el dios Zeus tuvo dos hijos: Apolo y Dionisio. Como se sabe, Apolo es el dios del Sol, de la luz, la claridad, el orden y la armonía, frente a Dionisio que es el dios del vino, del éxtasis y de la intoxicación, el desorden y la perversión.

El filósofo, poeta y filólogo alemán, Friedrich Nietzsche (1844-1900) considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX, se propuso, a través de su extensa obra, hacer presentes las figuras de Apolo y Dionisio como ejes de la interpretación del bien y del mal moral. Desde el riguroso análisis de los textos griegos, realizó una crítica exhaustiva de la cultura occidental, basándose en la observación de las actitudes morales de las personas, vinculando a aquellos que se proponen un comportamiento moral virtuoso, ejemplar y luminoso a la visión apolonia, frente a otros dionisiacos que hacen de la oscuridad, el vicio, la calumnia y la corrupción otra forma de cultura y de comprensión del mundo.

Cuando Friedrich tenía 27 años, escribió “El nacimiento de la tragedia”, este trabajo influenció profundamente a filósofos, sociólogos, psicólogos y dramaturgos, determinando la agenda de los intelectuales más célebres de los siglos XIX y XX, entre otros, Martin Heidegger, Michel Foucault, Jacques Derrida, Gilles Deleuze y Gianni Vattimo.

Por su perspectiva de interpretación de los textos griegos, durante el siglo XX Nietzsche fue ampliamente reconocido como un pensador original. Su influencia fue particularmente notoria en los filósofos existencialistas y en la sociología de Max Weber. Entre otros muchos de sus objetivos estaba desenmascarar las falsas afirmaciones respecto de la existencia de ciertos valores e instituciones que a lo largo de la historia se habían sostenido, bajo la apariencia de tradiciones y costumbres, como referentes del orden moral social, a la manera de un pretendido triunfo de Apolo sobre Dionisio.

En 1849, a la edad de 5 años, Friedrich Nietzsche vio morir a su padre, y a su hermano menor en 1850, estos acontecimientos marcaron su vida desde temprana edad, haciéndolo un niño solitario, retraído y en ocasiones violento, vivió con su madre, su hermana y su abuela materna.

Desde muy joven mostró especial fascinación por el estudio del griego y del latín clásicos, llegó a conocer y dominar como pocos la obra de los grandes autores griegos: Homero, Parménides, Hesíodo, Sófocles, Esquilo, Platón y Aristóteles entre otros. En su trabajo filológico cabe destacar el descubrimiento que le valdría la gran respetabilidad intelectual que se ganó, esto es, que el ritmo en la métrica poética de los textos de los antiguos griegos dependía, según sus descubrimientos, únicamente de la duración de las sílabas, a diferencia de la métrica moderna que depende de la acentuación.

Por lo relevante de sus hallazgos filológicos y la originalidad de su pensamiento, en 1869 la Universidad de Leipzig le concedió el doctorado sin examen, ni disertación en mérito únicamente por la calidad y originalidad de sus investigaciones; en respuesta a ese enorme reconocimiento, la Universidad de Basilea, donde él había estudiado, lo nombró profesor de filología clásica y al año siguiente profesor honorario. Desde su juventud, Nietzsche había padecido frecuentes periodos de debilidad y agotamiento físico; en ocasiones acompañados de episodios de ceguera, migrañas y ataques de vómito y dolor abdominal intenso. Investigaciones recientes, emprendidas por sus biógrafos coinciden en afirmar que la causa de esos padecimientos era un tumor canceroso en el cerebro, murió a los 56 años, después de varias etapas de demencia hasta que ocurrió el colapso mental que terminó con su vida.

Su crítica feroz frente a los valores establecidos de la sociedad de su tiempo, pretendiendo desenmascarar hipocresías y falsos respetos humanos, le ganaron en la mayoría de los casos incomprensiones y rechazos, al tiempo que también admiración y gran influencia. La eterna lucha que advierte entre el bien y el mal, entre Apolonio y Dionisio, son constantes de la historia humana, y desde su perspectiva esa lucha no está resuelta, ni a favor de Apolonio, ni a favor de Dionisio.

Sígueme en twitter  @mcplataspacheco